Mi Proceso de Cambio a la Disciplina Postiva – 2ª Parte

cambio disciplina positiva

Como os comentaba en mi anterior post «Mi Proceso de Cambio Hacia la Disciplina Positiva», me certifiqué como facilitadora del Método «Cómo Hablar para que Tus Hijos te Escuchen» en Mayo de 2019.

El libro de Adele Faber y Elaine Mazlish: “Cómo Hablar para que sus Hijos le Escuchen y Cómo Escuchar para que sus Hijos le Hablen” fue revelador, ya que yo llevaba tiempo teniendo claro que la comunicación con mi hija no fluía cómo yo quería. A medida que iba leyendo los capítulos e iba conociendo las herramientas que estas autoras proponen basadas en la psicología humanista, me convencía más de que éste era el camino que debía seguir. 

El libro era ameno y sobre todo práctico. ¿Alguna vez ten han dado un consejo ante un problema determinado con tus hijos? y posteriormente has pensado «Sí, sí, esto está muy bien, pero ¿cómo lo pongo en práctica con esta situación determinada que me ocurre muy a menudo?» ¿No te daba la sensación de que todo el mundo sabe cómo resolver tus problemas pero tú no eres capaz, porque tu situación es demasiado específica y no termina de encajar con las herramientas de los demás?

Por ejemplo, yo tenía una situación reiterada que no conseguía gestionar correctamente con A. Si alguna vez ella quería algo de lo que no disponía en ese momento, por ejemplo, una piruleta, perdía el tiempo en explicarla continuamente que no tenía ninguna en ese momento y que no se la podía dar. Pero ella, lejos de entenderlo, seguía pidiendo y pidiendo. Al final, yo terminaba por frustrarme porque por más explicaciones que le daba ella no entendía que no podía hacer magia y hacer aparecer una piruleta. En el libro proponen una herramienta que se llama «Conceder deseos en la fantasía» y sólo consiste en acompañar a tu hija o hijo en ese deseo. 

En el caso concreto de la piruleta, le dije: «Ojalá pudiéramos levantar una piedra y que aparecieran debajo cientos de piruletas de colores y sabores. ¿Cuál escogerías?». Ella me miró sorprendida al principio pero luego contestó «¡Una de fresa! ¡Y con virutas de chocolate!». Y así finalizó el problema. Utilizo esta herramienta muchas veces. Nos gusta especialmente aumentar la magia de los deseos en nuestras fantasías (piruletas gigantes que cambian de sabor cada cierto tiempo, galletas de chocolate que aparecen cuando agitamos nuestra varita mágica…), cualquier cosa es bienvenida. 

Según iba leyendo el libro, me asaltaba cada vez más la idea de que este método podía ayudar a muchos padres para reducir los conflictos con sus hijos, pues el respeto tanto a los hijos como de los hijos a los propios padres era la idea fundamental del mismo. 

Así que me plantee que sería interesante realizar algún taller para padres adaptando el libro para realizarlo más didáctico. Cuando terminé de leer el libro, vi que ya existía ese taller en Estados Unidos y además descubrí que en España te podrías certificar como Facilitadora del taller. Así que, pensé: «Si lo voy a hacer, hay que hacerlo bien». Y me puse a ello. Me certifiqué con Julia Mateo y ahora estoy aquí. 

El taller fue muy intensivo e intenso. Era eminentemente práctico y estuvimos trabajando todas las herramientas que proponen las autoras. Yo ya había hecho un trabajo previo con el libro realizando sus dinámicas y ejercicios, los había puesto más o menos en práctica con las niñas, … Pero me faltaba lo esencial: VIVIRLO

Y ahí está la clave del taller. No es lo mismo creer que estás sintiendo algo cuando lo lees en un libro o te imaginas en esa situación, que vivirla. Comprendí que la mayoría de las veces en las que nos comunicamos con nuestros hijos estamos teniendo una actitud egoísta con ellos. Les exigimos que respondan a unas expectativas que no son reales, porque no somos dueños de sus emociones. Sólo somos dueños de las nuestras. Somos egoístas porque les pedimos que dejen de llorar sólo por no oírles, pero no estamos atendiendo el sentimiento que les está haciendo llorar. Somos egoístas porque queremos que actúen de una determinada manera para que nosotros podamos estar tranquilos, por ejemplo en un restaurante para que no alboroten, pero no estamos teniendo en cuenta la necesidad del niño, si no la nuestra. 

Y entendí muchas cosas más, que sólo viviendo este taller podrás entender. Sólo viviendo las emociones podrás ponerles un nombre y aprender a gestionarlas o simplemente permitirte el derecho a vivir la emoción. Porque nuestras emociones también son importantes, las de los niños son muy importantes, pero las nuestras también. No podemos dejar de lado lo que sentimos. Forma parte de nosotros y si aceptamos las emociones de nuestros hijos pero ocultamos las nuestras, seguiremos cayendo en la ira y frustración en nuestro día a día, pues no estamos atendiendo a una parte esencial de la naturaleza humana que es el sentimiento. 

Con el taller terminé de ver las cosas de otra forma, comprendí mucho mejor a mis hijas y cada día trato de conectar con ellas. Es un trabajo duro, sí, pero muy productivo y pronto se ven los resultados. Aprendí a utilizar más de 30 herramientas que me ayudan a gestionar los conflictos con mis hijas sin olvidarme de expresar mis sentimientos, que son tan valiosos como los suyos. 

Aquí abajo os dejo un pequeño clip del testimonio que compartí con mis compañeros al finalizar el taller, por si os inspira un poquito y os abre la curiosidad hacia este método. Si quieres profundizar en él, tienes dudas o quieres ponerte en contacto conmigo puedes escribirme a info@educandoaays.es o bien clicar aquí y rellenar el cuestionario de contacto. Te responderé lo antes posible. 

 

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